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Horas de cuidados controlando factores como la luz solar, los abonos, la humedad o el riego son totalmente inútiles si no tenemos en cuenta la presencia de estos pequeños visitantes en nuestro jardín. Una mirada vigilante día tras día es el mejor modo de controlar estas plagas.
Saber interpretar los síntomas que presentan las plantas es vital para coger el problema a tiempo. Así tendremos clara desde el principio la solución a aplicar, y el efecto que conseguiremos será máximo, ya que la plaga aun no será masiva y, por lo tanto, más incontrolable.
Dos de los lugares sobre los que deberemos fijar una vigilancia intensiva son las zonas de crecimiento y bajo las hojas. Es justo ahí donde podemos observar los primeros síntomas que delatarán el contagio. Si el problema en sí no está demasiado claro, siempre es conveniente contar con el consejo de un experto. Un diagnóstico equivocado del problema y un tratamiento inadecuado puede empeorar el estado de las plantas.
Tratar con las orugas es relativamente fácil. Mediante productos como bifentrín o rotenona evitaremos los agujeros característicos de la acción de estos visitantes del jardín.
Las babosas, en cambio, son animales mucho más agresivos. Suelen aparecer en primavera y en temporada de lluvias. Por lo general, se alimentan durante la noche. En tan solo unas horas, roen todos los brotes tiernos y son perfectamente capaces de devorar todas las hojas de una planta. Por ello, y si no quiere fumigar sus plantas con insecticidas especiales contra ellas (como el Mesurol), deberá recogerlas manualmente tan pronto aparezcan para evitar que arruinen la salud de sus plantas sin que exista solución.
Otro remedio casero y muy eficaz consiste en colocar barreras compuestas de papel de plata o cobre, que las babosas encuentran particularmente molesto por las reacciones eléctricas que les ocasiona. Otro producto que estos animales no soportan es la sal, por lo que las barreras pueden reforzarse con ella. La cerveza, por otra parte, puede ser usada para atraerlas a trampas.
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