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Los Cactus

Los cactus son una planta que a menudo pasamos por alto cuando nos proponemos organizar un jardín en casa. Sin embargo, los cactus pueden constituir toda una fuente de belleza, más allá de la imagen espartana y sobria que gran parte de la gente suele tener de ellos.

Otra de las razones por las que el cultivo de cactus no goza de toda la popularidad que debería, es su largo período de crecimiento. Desde el momento en el que plantamos la semilla hasta que conseguimos una planta adulta, pueden transcurrir hasta unos seis meses. Por supuesto, esto es así suponiendo que los cuidados proporcionados a la planta sean los adecuados (que la semilla sea sana, que la tierra sea la adecuada…etc.)

La importancia de la semilla

Evidentemente, sin unas buenas semillas, cualquier intento de siembra por nuestra parte será fútil. La semilla es la base sobre la que gira todo lo demás, y por eso hemos de procurar contar con las mejores. En el caso de que contemos ya con cactus sanos en nuestro jardín, lo verdaderamente recomendable es usar las semillas de estos. Si, por el contrario, optamos por adquirir las semillas, hemos de preocuparnos porque en el establecimiento en que lo hagamos nos proporcionen unas de verdadera calidad.

Las mejores semillas

Como hemos dicho, si resulta posible, es conveniente recolectar nuestras propias semillas. Para hacer esto, hemos de esperar al momento adecuado. Este, por supuesto, es cuando los cactus con los que contamos han dado sus frutos y estos han madurado. De lo contrario (si nos adelantamos) podemos causarle tanto a la planta como al fruto y la semilla un daño irreversible.

Una vez tengamos la fruta, es importante saber que no debemos sacar las semillas mientras el fruto siga estando fresco. Lo idóneo es dejar secar este último al sol. Una vez realizado esto, sacaremos las semillas del interior, y las guardaremos en fundas de papel hasta el momento de su uso.

Tierras idóneas

No hay un tipo de tierra específico especialmente indicado para el uso con los cactus. Existen muchas variedades, pero su idoneidad siempre dependerá, aparte de la propia tierra en sí, del clima del lugar en donde realizar la siembra, sus condiciones geográficas, etc. Una buena combinación de tierras es la que sigue: un tercio de turba negra, un tercio de turba rubia y un tercio de arena, esterilizada para evitar problemas de hongos. El uso de carbón pulverizado también es recomendable, ya que previene los ataques de los parásitos.

Pistas para la siembra

Además del uso de carbón pulverizado, para minimizar aun más el ataque de los hongos, lo más conveniente es usar recipientes de un tamaño no excesivo. El mismo debe ser rellenado por unos cuantos centímetros de la mezcla de tierra elegida, sobre la que repartiremos las semillas de forma uniforme.

Para conseguir un entorno de humedad propicio para la germinación de las semillas, las pulverizaremos con agua en una primera instancia, cubriéndolas con una capa de arena y un plástico transparente. Sin embargo, es importante, para que las semillas no se pudran, asegurar una vía de drenaje realizando un orificio en la base de la maceta elegida.

Regaremos cada dos días durante los cuatro primeros días de la semana. Los tres restantes nos abstendremos de regar. Así conseguiremos que la planta empiece a crecer. Una vez que veamos los primeros brotes, podremos usar abono para acortar el proceso. Lo ideal es abonar cada quince o veinte días.

Es importante saber que, aunque si todo sale bien, tendremos cactus adultos en un plazo aproximado de 6 meses, no es hasta el año del comienzo del proceso que ya podemos empezar a pensar a trasladar cada planta a una maceta propia.

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