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Las plantas bulbosas son, sin lugar a dudas, unos de los tipos de planta más agradecido de plantar. Sus flores ofrecen un inmejorable aspecto a la vista y no son demasiado complicadas a la hora de cuidar. Otro de sus principales atractivos reside en su inmensa variedad. Existen plantas bulbosas de prácticamente cualquier color existente, y su aspecto es muy variable.
Sin lugar a dudas, la planta bulbosa más popular es el tulipán, aunque existen muchas otras que también gozan de gran aceptación, como la dalia o el gladiolo. Otras variedades son: el jacinto, el narciso, la azucena, la anémona, el lirio…
En general, consideraremos planta bulbosa a cualquier planta que brote a partir de bulbos, rizomas, raíces tuberosas o cormos. Otra característica distintiva de este tipo de plantas es que, por lo general, aunque existen varias excepciones, en invierno pierden totalmente sus hojas, para volver a brotar en primavera.
Aunque, como hemos comentado al principio, el principal atractivo de estas plantas reside en la belleza de su floración, existe un pequeño inconveniente. Aunque muy vistosas, las flores de las bulbosas no suelen durar demasiado. Las épocas de floración dependen de la variedad deseada pero, a grandes rasgos, son estas:
Las dos reglas fundamentales, antes de meternos a fondo con la plantación de este tipo de plantas, son las siguientes:
Un bulbo sano se distingue por su dureza y por la ausencia de orificios o desperfectos en su superficie. Para confirmar que nos encontramos ante un bulbo en buenas condiciones, emplearemos una técnica similar a la utilizada con los melones. Presionaremos la base del bulbo. Si esta cede, nos quedará claro que el bulbo no reune las condiciones de calidad necesarias para obtener un buen resultado.
Las plantas bulbosas son especialmente frágiles ante un grado excesivo de humedad. Por ello, hemos de asegurarnos que el drenaje del suelo sea el adecuado, sobre todo si estamos utilizando tierra arcillosa, muy propensa a la acumulación de agua. Para subsanar ese problema, bastará con la aplicación de turba o estiércol, removiéndolos con la tierra para conseguir una mezcla homogénea. Por lo general, tres kilos por metro cuadrado suele ser suficiente. Si la superficie a plantar no es muy grande, siempre es conveniente usar una azada o similar para remover la tierra. Es la mejor forma de conseguir una tierra ventilada.
Eso sí, es importante acordarse de no usar nunca abono no orgánico (es decir, químico) en la plantación de las bulbosas, ya que las echaría a perder.
La profundidad de plantado es bastante importante al plantar bulbosas. Por lo general, las cifras recomendables oscilan entre los veinte y los veinticinco centímetros. Normalmente, la profundidad correcta suele venir determinada por el siguiente axioma: el grosor de la capa de tierra existente sobre la parte superior del bulbo debe de ser igual a la altura del mismo.
Por otra parte, los bulbos necesitan de un “espacio libre” a su alrededor para crecer correctamente. Si ese espacio es invadido por otro bulbo o planta que ha sido plantada demasiado cerca, la vida de ambas plantas puede correr peligro. Dado que esta distancia depende de cada especie, no vamos a detallar una por una. Lo más sensato es leer las instrucciones que suelen venir en cada bulbo o pedir consejo a un especialista. Sin embargo, a grandes rasgos, tomaremos como medidas Standard las siguientes: los bulbos pequeños han de tener aproximadamente unos 10 cm. de separación, y los bulbos grandes, alrededor de 12 cm.
Una vez plantados, y regarlos abundantemente al principio, tan solo tendremos que proporcionarles unos simples cuidados hasta poder disfrutar de sus flores.
2007 © Bricohouse